“Especialista es quien se ha consagrado a una de las ramas de las ciencias médicas, realizando estudios especiales en facultades, hospitales u otras instituciones que están en condiciones de certificar dicha especialización con toda seriedad, ya sea en el país o en el extranjero y luego haber cumplido dos años, como mínimo, en el ejercicio profesional. La especialización es más seriamente reconocida cuando se hace con intervención de una sociedad científica o gremial.” Código de Ética Art. 68º.
El Código de Ética para los Profesionales del Arte de Curar de la Provincia de Santa Fe, define a los especialistas dentro de su TÍTULO II ASUNTOS EXCLUSIVAMENTE MÉDICOS, norma que por extensión se aplica –en la medida que resulte compatible- a las demás profesiones del Arte de Curar. Por otra parte y según algunas definiciones, la Odontología es la especialidad médica y quirúrgica que se encarga del diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades del aparato estomatognático. Es decir que la misma Odontología sería considerada como una especialidad dentro de las ciencias médicas. Sin embargo dentro de la Odontología existen distintas ramas que, aunque aún no han alcanzado una diferenciación tal que las distancie demasiado de su ciencia madre, representan aspectos de la Odontología en la que se pueden profundizar las habilidades y los conocimientos específicos.
La tendencia a la especialización, principalmente en Medicina pero también en otras ramas de la Salud, es un fenómeno cada vez mayor y que también se manifiesta en diversos aspectos productivos en las sociedades industrializadas. El clínico general en las profesiones de la salud ha ido desapareciendo ante la aparición de especialistas lo que provocó en algunos casos verdaderos fraccionamientos dentro de las profesiones. Es por ello que numerosas personalidades e instituciones, entre las que se cuentan la OMS y la UNESCO, han reaccionado buscando un retorno al profesional “general” que no esté desvinculado de la visión integral de la salud.
La Odontología aún no ha llegado al límite del fraccionamiento por especialidades, y resulta necesario aclarar que el título de Odontólogo otorgado por la Universidad habilita para todas las prácticas de la Odontología y que el hecho de titularse Especialista no amplía en nada las incumbencias profesionales, sin embargo la especialización es un fenómeno creciente que por diversos motivos ha cobrado importancia en los últimos años.
La complejidad científico-técnica que adquieren las ciencias a través del tiempo ha sido uno de los principales motivos que llevó al auge de la especialización. Con la evolución de las ciencias el campo de los conocimientos se amplía tanto que resultan muy difíciles de dominar en toda su extensión, restringiendo el campo de acción y provocando la especialización en las materias donde se adquiere mayor dominio o conocimiento.
El distinguido pensador y escritor Ernesto Sábato ha expresado algunas reflexiones sobre las especialidades en Medicina que esperamos sirvan para meditar sobre lo que sucede en nuestra profesión:
“La enorme complejidad de los conocimientos que hemos adquirido desde Aristóteles hasta hoy y que al parecer hace ilusorio el uomo universale del Renacimiento, ha conducido a algo que a la vez es inevitable y catastrófico: el especialista. Un físico que se ocupa de espectrogramas puede ignorar vastas regiones de la física, lo mismo que un químico inorgánico con respecto a la química orgánica. Esto ha sido inevitable, pero no incurramos en esa corriente falacia de tomar lo inevitable como magnífico. Aun en el mismo terreno del mundo material, el mas simple de todos, la especialización condujo a una especie de nueva barbarie, y debemos recordar que la mas grande revolución de la física la hizo un hombre que fue capaz de tomar en consideración los problemas mas generales de la materia en relación con el tiempo y el espacio; Einstein no era un especialista, era un generalista.
Con mayor razón esto es válido para aquellos territorios más complejos de la realidad biológica y psicofísica, donde el todo precede a las partes, tal como también vislumbró Aristóteles. El atomismo de la física no funciona ya en estas complejas realidades, y debe ser reemplazado por un organicismo que de prevalencia a la totalidad sobre las parcialidades. Que se requieran los servicios de un especialista en corazón, como se requiere el informe de un encefalógrafo, es inevitable y, en condiciones bien delimitadas por el generalista, de enorme utilidad; pero que se invierta el planteo y se de preminencia al dato del especialista, pertenece ya a la falla filosófica y esencial de una medicina positivista. Una persona es mucho mas que un conjunto de números, de presiones, cantidades de glucosa, radiografías y eritrosedimentaciones: es un ser complejo, una delicadísima unidad de materia y espíritu, donde todo influye sobre todo, y en el que es inútil, cuando no pernicioso, el informe especializado que no integre el armónico y dificilísimo examen de la estructura.
Dice ilustremente Schopenhauer que hay épocas en que el progreso es reaccionario y la reacción es progresista. Volver atrás en momentos de crisis, es lo más adecuado para retomar las banderas de un genuino progreso. En momentos en que el auge de la especialización y de la cuantificación mediante aparatos parece para muchos el colmo de la maravilla, no es difícil demostrar que constituye uno de los más agudos peligros que enfrenta la medicina contemporánea. Y reclamar al generalista, no es un poco retomar la vieja tradición de aquel clínico de otro tiempo? De aquel hombre que tenía una especie de cualidad rabdomántica para detectar una enfermedad a veces con la sola forma de caminar de un paciente? De aquel hombre que conocía al enfermo por su nombre y apellido, que estaba al tanto de sus problemas familiares y de sus angustias pecuniarias, de sus manías y amistades, de sus pasiones y esperanzas, de sus ideas políticas y religiosas? De aquel hombre que sin mirar un aparato sabía a priori que a Don Rafael Schiaffino lo que le hacía falta no era vigilar su ácido úrico sino, simple pero genialmente, irse por un tiempo al campo y dejar de ver a la suegra?
Muchachos, ya les dije que soy apenas un escritor y, por cierto, no soy médico. Lo que no significa que no sepa nada de medicina, pues se de ella (y por motivos muy similares) lo que un ladrón consuetudinario puede saber de la organización policial. He padecido úlcera, reumatismo, gota, colitis, anginas de garganta, bronquitis. Que más, para hablar un poco del asunto?
Y, sobre todo, no se enojen: son opiniones revulsivas, con el sólo ánimo de inclinarlos al análisis y discusión de problemas que a veces parecen ya resueltos.” Fragmentos de una conversación mantenida por Ernesto Sábato con redactores de la Revista Medicina Intensiva. (Ernesto Sábato, La Robotización del hombre y otras páginas).
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